EL MUNDO
"Todos tenemos un lado oscuro, una locura que medimos porque vivimos en sociedad"
La actriz da vida a una chica con un trastorno mental en una obra de Tennessee Williams influida por el psicoanálisis
El año pasado, Olivia Molina (Ibiza, 1980) hizo temporada sobre las tablas del Coliseum. Allí, compartió protagonismo junto a su madre en la realidad, Ángela Molina, y también en la ficción en 'El graduado'. Ahora, la joven actriz cambia de registro para dar vida a Catalina Holly, una chica que padece un trastorno mental tras enterarse de la muerte de su primo en oscuras circunstancias. La sala Francisco de Nieva del teatro Valle-Inclán es el escenario de esta historia creada por Tennessee Williams, en 1958, y que dirige José Luis Saiz.
PREGUNTA.- Su anterior montaje fue 'El graduado', junto a su madre...
RESPUESTA.- Sí, viví una experiencia inolvidable, compartir escenario con lo que más quiero y admiro es maravilloso. Pero también fue algo muy duro porque la relación de estos dos personajes era muy conflictiva, entraban los celos, la competencia y la incomprensión. Tocábamos cosas que en la vida no nos han pasado. Eso hizo que nuestra relación se engrandeciera y también que apreciaramos lo que teníamos las dos, madre e hija.
P.- ¿Qué ha aprendido de ella como actriz?
R.- Solamente me hace falta observar su carrera a lo largo de más de 30 años. Es una persona tan honesta con su trabajo, tan sincera como actriz y tan respetuosa y sensible que a mí me emociona sólo de verla.
P.- Pasa del recinto inmenso que es el Coliseum a la sala pequeña del Valle-Inclán: el trabajo como actriz debe cambiar...
R.- Absolutamente. La experiencia en el Coliseum fue tremenda porque es un teatro en el que caben más de 1.000 personas y 'El graduado' era un montaje muy íntimo dentro de un recinto que no acompañaba, que costaba traspasar. Todo cambia con una salita pequeña, con un espacio blanco en el que se ven cada gesto, cada mirada o cada emoción. Es tan sincero, tan de verdad, es tan poquita la distancia que hay entre tú y la gente que les oyes respirar. Y, como esta obra es una gran tragedia, todo lo que das, lo recibes de vuelta.
P.- Este texto se considera el más poético del autor, ¿dónde está esa poesía y cómo se plasma en escena?
R.- Está en los diálogos de los personajes, que no tienen una forma coloquial de hablar. Utilizan imágenes casi de grandes tragedias griegas. Tennessee Williams creaba unas imágenes tan desgarradoras, pero contadas con tal sensibilidad, que son un regalo para una actriz. Y la poesía también está en la manera en que el director ha hecho la propuesta: un espacio muy blanco en el que resaltan mucho los intérpretes, que van vestidos en blanco y negro.
P.- La obra está influenciada por el psicoanálisis, ¿cómo se muestra?
R.- A través del doctor, que ve si Catalina, que ha vivido cosas que no ha sido capaz de asimilar, ha de someterse a una lobotomía o no. Él lleva el proceso de psicoanálisis para entender a esta chica y su necesidad de hablar. Cuando hablas de alguien que ha muerto, le haces revivir en tus palabras, en los recuerdos, en la vida que le pones a lo que cuentas.
P.- ¿Cómo se ha preparado para meterse en la piel de una joven con trastorno mental?
R.- He observado mucho, la vida me ha dado regalos por la calle de poder observar a personas que sientes que no son equilibradas. Pero la mayor fuente de inspiración ha sido el texto. Todos tenemos un lado oscuro, una locura que medimos porque vivimos en sociedad y no podemos darle rienda suelta.
P.- Este título fue prohibido durante el franquismo, ¿por qué cree que se censuró?
R.- El lugar donde pasa toda esta historia de canibalismo es Barcelona, en los años 40-50. En esos momentos, el país estaba a niveles muy bajos y la pareja que viene desde Nueva Orleáns, de una zona rica, empieza a vivir una degradación y a sumergirse en la perversión. Pero también podría decirse que ocurre en otro sitio del mundo; entonces diría que fue prohibida porque es el viaje a los infiernos de una persona que decide destruirse.
María Tapia
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